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EL ARTE DE ENVEJECER ACTIVAMENTE

Envejecimiento de la población

En la actualidad estamos siendo testigos de uno de los fenómenos más insólitos que jamás había ocurrido en la sociedad española en particular y en los países desarrollados en general, es el llamado envejecimiento poblacional. Este hecho responde a dos cuestiones que están sucediendo en las últimas décadas, por un lado el descenso en el número de nacimientos y por otro lado el aumento de la esperanza de vida promovido por los avances tecnológicos y sanitarios y las mejoras asistenciales. Esto está dando la vuelta a las concepciones demográficas que había hasta hace unos años y está creando la necesidad de buscar nuevos enfoques y mecanismos para hacer frente a estos cambios y dar respuesta al gran número de personas mayores presentes en nuestra sociedad.
Con este aumento en la esperanza de vida, que alcanza los 85 años para las mujeres y roza los 80 para los hombres, nos encontramos ante un período vital que cada vez está siendo más extenso y con unas condiciones de salud y bienestar que están mejorando continuamente gracias a las investigaciones y avances en materia de envejecimiento. Si tenemos presente que hasta ahora la edad de jubilación son 65 años (con perspectiva futura de ser aumentada) y la media de esperanza de vida está en torno a los 80-85 años, nos encontramos con un margen de al menos 20 años que pueden ofrecer infinitas posibilidades para este colectivo. Basta con pensar cuántas cosas aprendemos, hacemos y conseguimos en cualquier período de 20 años de nuestras vidas, para darnos cuenta que es un tiempo valioso que se puede aprovechar y disfrutar.

Distintas visiones del envejecimiento

Hasta hace unos años había toda una serie de concepciones acerca de la tercera edad basadas en el entendimiento de esta época como una etapa negativa, de pérdidas y de declive en general. Estos modelos se centran fundamentalmente en el deterioro y en la patología, fomentando una visión negativa del envejecimiento e ignorando las oportunidades que se presentan en esta etapa del ciclo vital. Estos modelos están siendo sustituidos por otra perspectiva que intenta lograr una visión integrada de todo el ciclo vital. Desde este nuevo punto de vista se atiende a la variabilidad y diversidad individual y entiende que durante el envejecimiento se dan una serie de pérdidas normativas y esperadas, pero también coocurren una serie de ganancias que permiten regular estas pérdidas y mantener un equilibrio que no desemboque inevitablemente en el declive total de la persona. Para promover este nuevo enfoque se están invirtiendo grandes esfuerzos en promover el llamado envejecimiento activo. La Organización Mundial de la Salud define esta forma de envejecimiento como el proceso de optimización de oportunidades de salud, participación y seguridad con el objetivo de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen.

Etapa de pérdidas

Es innegable que en la etapa del envejecimiento ocurren una serie de pérdidas que pueden llegar a ser muy costosas en términos emocionales para las personas. Por un lado, como primer punto de partida hacia el envejecimiento parece ser la jubilación. Ésta puede generar altos niveles de malestar en algunas personas, principalmente en los varones. La jubilación lleva consigo una pérdida de roles de la persona, ya no es la persona que se levanta todos los días con unos objetivos y unas rutinas, también se puede perder cierta posición económica al dejar de percibir un sueldo para recibir la pensión correspondiente, y finalmente puede haber una pérdida en las relaciones sociales al dejar de ver a compañeros y posibles amigos del trabajo, por ejemplo se deja de compartir el tiempo los almuerzos donde conversaba sobre el partido de la noche anterior.

Otra de las grandes pérdidas a las que las personas mayores tiene que hacer frente, y posiblemente las más difíciles de sobrellevar, son las pérdidas de seres queridos. En primer lugar la pérdida del cónyuge puede generar grandes sentimientos de soledad y tender al aislamiento. Por otro lado perder amistades o familiares de su edad genera también grandes dosis de tristeza, ansiedad, miedo e incluso indefensión ante la imposibilidad de hacer nada.
Finalmente, la tercera gran fuente de pérdidas en esta etapa, son las pérdidas relacionadas con la salud. Los problemas físicos que impiden que se realicen actividades que antes resultaban placenteras o que dificultan que se pueda disfrutar al realizarlas, o los deterioros cognitivos, que pueden llegar a tomar forma de algún tipo de demencia y generar altos niveles de dependencia en quien los padece.

Etapa de oportunidades

Sin embargo, y como habíamos comentado anteriormente, a lo largo del envejecimiento, además de estas pérdidas que varían mucho de unas personas a otras, también se dan una serie de nuevas oportunidades y experiencias que ayudarán a compensar las pérdidas mencionadas. Por un lado, tras la jubilación encontramos un tiempo libre valiosísimo que en otras etapas de la vida hubiésemos deseado tener para aprovechar a hacer toda una serie de cosas que nos gustarían. Resulta muy interesante contemplar este nuevo tiempo libre para invertir en aquellas actividades que siempre nos interesaron y nunca pudimos por falta de tiempo: colaborar en alguna asociación, ayudar a colectivos desfavorecidos, hacer bricolaje, reuniones con los amigos para compartir tiempo con ellos, aprender nuevas habilidades y hobbies como yoga, natación, tai-chi, bailar, informática, idiomas…

Otra de las grandes oportunidades que ofrece esta etapa, es que a pesar de la pérdida de algunos seres queridos, es muy probable que vengan otros, principalmente los nietos. Disfrutar de ellos, enseñarles y cuidarles, genera sentimientos positivos y gratificantes en tanto que se retoma en cierta medida el rol de cuidador. Los abuelos cuidadores están más activos y muestran menos pensamientos negativos de tristeza, asociados a la soledad o el sentimiento de abandono. Sin embargo, hay que tener cierto cuidado con este punto, pues una sobrecarga a los abuelos con el cuidado de los nietos generará ansiedad y frustración ante las dificultades para expresar sus opiniones y deseos.

Finalmente, en contra de lo que se creía respecto a las capacidades intelectuales, no todas decrecen con la edad. Es cierto que algunas como la atención o la memoria a corto plazo suelen disminuir con el paso de los años, sin embargo investigaciones recientes han contrastado que otras capacidades, como la memoria a largo plazo (incluyendo dentro de ésta el recuerdo de hechos pasados y el recuerdo de procedimientos, el cómo hacer la cosas) y la creatividad se ven aumentadas por la edad. Estos hallazgos se unen a los descubrimientos sobre “Neuroplasticidad”, que nos desvelan que nuestro cerebro tiene capacidad para regenerarse mediante su uso y potenciación a lo largo de toda nuestra existencia. Es un hecho que los seres humanos podemos crear nuevas neuronas a lo largo de toda la vida y el esfuerzo por crear nuevas neuronas puede incrementarse mediante la actividad mental. Dependiendo de la naturaleza de la actividad mental, las neuronas nuevas se multiplican con especial intensidad en distintas zonas cerebrales lo que facilita que las capacidades regidas por dichas áreas cerebrales se vayan incrementando con la edad.


¿Cómo aprovechar las oportunidades?

¿Qué podemos hacer para ser capaces de aprovechar todas estas oportunidades que nos brinda el envejecimiento y no dejarnos llevar hacia el declive? El manejo emocional y el mantenimiento de actividades son las dos piezas clave para conseguir un envejecimiento satisfactorio.
Una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos) de origen innato, influidos por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea, por lo que no hay emociones buenas o malas, todas nos sirven para algo, la única diferencia es que algunas nos hacen sentir bien y otras mal. Cada individuo experimenta una emoción de forma diferente, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Por eso, el repertorio de experiencias emocionales que tenemos es único e irrepetible. Las emociones están presentes a lo largo de toda nuestra vida, si echamos la vista atrás y pensamos en momentos importantes siempre hay presente una emoción, ya sea tristeza, alegría, amor, incertidumbre, sorpresa… Aprender a conocerlas y comprenderlas nos puede ayudar a disfrutar más y a vivir mejor.
El otro gran pilar que sustenta el envejecimiento satisfactorio y la prevención de problemas emocionales es sin lugar a dudas la realización de actividades. En este bloque no hay limitaciones, sólo las que cada uno se pone a sí mismo. Participar en actividades comunitarias, en asociaciones, en centros de mayores, en grupos específicos (encaje de bolillos, mantillas, guitarra…), excursiones, partidas de cartas, dominó, parchís, exposiciones, charlas, salir a pasear, tomar el fresco con los vecinos, jugar con los nietos, jardinería, etc., etc., etc. La oferta es amplísima ya que como actividades incluimos cualquier actividad que mantenga a la persona ocupada, que entrene física y/o mentalmente, y que la haga partícipe de relaciones sociales.


“Cada edad, desde la infancia hasta la vejez, tiene en cada uno de los hombres su propia hermosura.”
San Agustín

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